Alejandro O. llegó hace cuatro años al país desde de Medellín, en busca de paz. Él afrontó una amenaza de muerte que lo obligó a dejar a su esposa y a su hijo de 13 años.
“En mi ciudad me dedicaba a sacar a los jóvenes de la drogadicción, pero eso me acarreó graves problemas con varias personas; por eso busque refugio”.
Sin embargo, este colombiano, de 36 años, no ha conseguido ser parte de los 14 000 extranjeros reconocidos como refugiados, por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Cancillería.
Mientras se tramita su estatus legal, su vocación no se trastoca. El viernes pasado, colaboró en el decorado del local de Unisor, frente al Mercado Mayorista de Quito, donde estaba a pocos minutos de que se iniciara una función de cine sobre los refugiados y derechos
humanos. Esta es una iniciativa de la Fundación Esquel y de la Acnur y es parte del proyecto Mi barrio por la integración y la paz.
El programa pretende que los moradores de sectores populares de la urbe observen películas sobre los derechos humanos y refugiados. Además, que escuchen los testimonios de los refugiados.
La voz de Alejandro O. se llena de nostalgia cuando le toca relatar su vida. Él empieza a narrar cómo su esposa e hijo deben cambiar de domicilio por las amenazas.
“No puedo regresar a Colombia, ni tampoco puedo estar tranquilo en Ecuador. Soy ilegal y temo que en algún momento la Policía me detenga y me deporte”, señala.
En el país hay unos 180 000 colombianos que pueden acogerse al refugio, de ellos el 60 % está en Quito, indica Mildret Granaules, titular de la Asociación de Colombianos Refugiados en el Ecuador,
Por eso –ella piensa- que este tipo de iniciativas servirá para que se conozca la realidad de los desplazados y que no exista rechazo.
El programa Mi barrio por la integración y la paz se inició la semana pasada. Es la primera vez que se realiza y su continuación
dependerá de la acogida, señala Nataly Alcívar, del programa de Seguridad Humana de Esquel.
Ella añadió que se trabaja con Acnur en proyectos de integración entre ecuatorianos y de colombianos, para evitar que prolifere la xenofobia en el país.
El programa se desarrolló en los sectores de Carcelén, en el Mercado Mayorista y en Solanda. El próximo fin de semana se realizará en el Comité del Pueblo. Esos barrios fueron seleccionados porque allí reside la mayoría de colombianos desplazados. Ingresan a esos barrios populares y se dedican especialmente al trabajo informal.
El relato de Alejandro O. está por finalizar. Pide a los asistentes que no estigmaticen a sus compatriotas. Espera algún día regresar a Medellín, pero eso dependerá del fin de una añeja guerra.
Algunas cifras
En los últimos siete años, el Ministerio de Relaciones Exteriores recibió 55 073 solicitudes de refugio. Fueron aprobadas 14 817. La mayoría de pedidos fue de ciudadanos colombianos.
En Quito se presentó la mayor parte de solicitudes de refugio. Según la Cancillería, entre el 2000 y el 2007 llegaron 20 500. Luego le siguen Nueva Loja y Santo Domingo de los Tsáchilas.
La Acnur y el Programa Mundial de Alimentos reparten 8 500 raciones alimentarias cada mes a refugiados en todo el país. Además, se
consiguió la ayuda para que 30 vayan a la universidad.
Un filme sobre derechos humanos. Una pequeña aula del Parque Ecológico de Solanda sirvió para la función de cine y para el debate.
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