La ‘posada de emergencia’ es un negocio que se ha vuelto común en Ibarra. Los colombianos que huyen de la violencia generada por el conflicto interno de su país son los principales clientes.
Consiste en albergar durante una o dos semanas a una o más personas, a veces familias enteras, en un espaciMuchos duermen en colchones, esteras o en el suelo. Pagan USD 40 por semana. En Ibarra, uno de esos sitios se denomina La Vecindad del Chavo, en el barrio La Bola Amarilla.
Muchos duermen en colchones, esteras o en el suelo. Pagan USD 40 por semana. En Ibarra, uno de esos sitios se denomina La Vecindad del Chavo, en el barrio La Bola Amarilla.
Llegar a ese lugar no es sencillo. Todos lo niegan, pero saben que existe. Para ingresar hay que atravesar un largo callejón oscuro, con piso de tierra. Las casas son de adobe y con puertas de madera, muy descuidadas.
Un joven al que llaman Hernán es el primero en aparecer, tras el intenso ladrido de los perros. Él cuenta que salió de Medellín (Colombia) en el 2004. “Deserté del Ejército luego de 47 días de violencia extrema y continuas amenazas de muerte”.
Huyó con su esposa y ahora ya tiene una hija de 2 años. “Me negaron el refugio y opté por instalarme en esta posada”.
Hernán trabaja de cargador en los mercados y gana USD 8. Hace pocos días, Maritza, de 40 años fue deportada. Ella optó por venir a Ecuador para salvar a sus dos hijos de las FARC.
“En el Quindío, la muerte se desliza bajo la puerta. Una vecina me alertó que los armados venían por mis hijos. Allí quedó la comida caliente sobre la mesa y llegamos a Ibarra, apenas con lo que teníamos puesto”, contó.
Su primer destino fue la posada, unos conocidos le avisaron dónde estaba ubicada. Luego se asoció con tres coterráneos para alquilar un cuarto en USD 60. “Sé que me deportarán, pero volveré de ilegal, pues acá están mis tesoros”, aseguró la mujer con profecía.”Si algún día me deportan, volveré por seguridad”.
Para los funcionarios de Acnur, la asistencia a las personas que solicitan refugio es continua. El jefe de oficina en Ibarra, Manuel dos Santos, asegura que les apoyan con albergue, colchones, comida y con atención médica y terapias psicológicas.
Entre el 2000 y el presente año se han registrado 59 829 solicitudes de refugio, de las cuales se han aprobado 16 519.
Muchos que no consiguieron el estatus de refugiados optaron por el anonimato. Ante la falta de papeles, se esconden durante el día y salen solo en las noches.
“Si la Policía me devuelve a Colombia, volveré a entrar una y otra vez. Lo importante es seguir vivo”, dice un colombiano que prefiere guardar en reserva su nombre, por seguridad.
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